El suicidio un problema que amerita atención

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Margarita Brito

Asistir al taller “Las máscaras del suicidio”, organizado por el Centro Vida y Familia Ana Simó, fue una experiencia que me hizo constatar la necesidad de prevenir este problema que afecta a todos los estratos de la sociedad y que a menudo pasamos por alto.

Y es que en cualquier barrio se escucha que “fulano o fulana ” se suicidó, recientemente supe de dos casos en el sector en que resido, que me sorprendieron mucho, por lo cual está jornada  de prevención, en la que la mayoría de participantes eran médicos psiquiatras, psicólogos, enfermeras y personal de instituciones como Conani, el Inaipi y otras, me pareció sumamente importante.

El psiquiatra Rafael Johnson, de la Fundación Fénix, fue uno de los primeros expositores, quien abordó el tema de Nuevos estudios sobre el abordaje del suicidio.

El especialista resaltaba que cada año 900 mil personas se suicidan y esta es la causa de muerte de personas entre los 24 y 35 años, por lo que es una prioridad de salud pública.

Pero además destaca que el número de suicidios consumados es tres veces mayor en los hombres y que entre el 90 y 95% de las personas que se suicidan tiene un trastorno psiquiátrico.

Subraya que la idea del suicidio puede germinar en condiciones variadas: trastornos afectivos de tono depresivo y ansioso, por trastornos de obnubilación de conciencia con alteración de la actividad intelectual o también puede asociarse a ideas delirantes en relación a las  cuales constituye una reacción.

la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace una serie de recomendaciones para la prevención y control de la conducta suicida, entre estas restricción del acceso a los medios más frecuentemente utilizados para el suicidio (por ejemplo, plaguicidas, armas de fuego y ciertos medicamentos) e información responsable por parte de los medios de comunicación.

Asimismo, identificación temprana, tratamiento y atención de personas con problemas de salud mental y abuso de sustancias, dolores crónicos y trastorno emocional agudo; capacitación de personal de salud no especializado, en la evaluación y gestión de conductas suicidas, seguimiento de la atención prestada a personas que intentaron suicidarse y prestación de apoyo comunitario, apoyo a quienes han perdido a seres queridos que se han suicidado e introducción de políticas orientadas a reducir el consumo nocivo de alcohol.