En el día del periodista :Un recuerdo de las máquinas de escribir

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Margarita Brito

A principios de los años 90 del siglo pasado, cuando comenzé a trabajar en el periòdico Listin Diario, donde laboré más de 10 años, todavía se usaban las máquinas de escribir manuales.

Periodistas veteranos como el fallecido Tulio Navarrete, Saúl Pimentel, Guillermo Tejada y Máximo Manuel Pérez, entre otros, eran celosos con sus máquinas de escribir. Algunos llegaban al colmo de ponerle cadenas con candado, para que nadie se las usara.

José Monegro, Arsenio Ramírez y algún otro del que no recuerdo su nombre eran de los pocos que prestaban sus codiciadas máquinas a quienes eran nuevos y que como yo no tenía máquina designada.

Poco a poco fui ganando su confianza y cuando al fin me designaron la ansiada máquina, la mayoría me cedía la suya para que trabajara mientras ellos no las usaban.

Pero los nuevos tiempos habían llegado, comenzaron a llegar las computadoras y de pronto el Internet se impuso. En aquellos tiempos fue un adolescente de unos 16 años de pasantía en el conocido diario, quien comenzaría a explicar sobre Internet,  las redes sociales, que entonces no estaban tan desarrolladas y sobre las ventajas que ofrecía al mundo, en especial a los periodistas.

Poco después llegaron técnicos especializado, que terminaron de afianzar los pocos conocimientos que en ese momento  el equipo periodístico había adquirido. Cómo es natural, los jóvenes entendieron más fácil los vericuetos de la “red”.

Recuerdo que Gladyori Rodríguez y otras  tan jóvenes como ella era que tenía que enseñar como usar la computadora y el internet a aquellos “viejos sabuesos de la información”.

La otrora cotizada y protegida máquina de escribir había fallecido rápidamente, fueron sacadas para dar paso a las computadoras, nadie podía cadenas jajajaj. Porque desde cualquier ordenador se podía acceder a su usuario no había necesidad.

Hubo gente que tardó en entender el sistema, pero poco a poco se fue adaptando, aunque naturalmente, los cambios no siempre se dan tranquilamente, hubo protestas por los cursos que se tuvieron que tomar, donde los más mayores eran los que tenían más dificultades pero al final aprendierony se adaptaron a los nuevos tiempo, diciendo adiós a la vieja máquina de escribir.